¡Serendipia!

Seguro que alguna vez has dicho o has oído decir a alguien la famosa frase de: “es que yo no soy creativ@…”, como si se tratara de un castigo divino que impone la naturaleza y que exime de la obligación de tener que pensar. Pues bien, tengo una buena noticia: no se trata de nacer más o menos creativo como mucha gente podría pensar, sino que es una cuestión de actitud y de realmente estar dispuesto a generar y llevar a la práctica nuevos enfoques.

Existe un concepto que me llama mucho la atención y es el de “serendipia”, del inglés “serendipity”. Es la palabra que se utiliza para expresar que alguien ha realizado un descubrimiento mientras pretendía encontrar algo totalmente distinto. Esto ocurre a menudo en la ciencia y Albert Einstein reconoció haberlo experimentado en varias ocasiones. Pero… ¿Realmente crees que se trata de simple suerte o casualidad?

A mi modo de ver, este fenómeno es una consecuencia directa del espíritu creativo. ¿Y cómo alimentar ese espíritu creativo para atraer la inspiración que necesitamos? Existen muchas cosas que podemos hacer para fomentar nuestra creatividad y sorprendernos a nosotros mismos:

– Lo esencial es tener una actitud abierta al cambio, dejando a un lado los miedos a salir de nuestra zona de confort y asumiendo que es algo que requiere que pongamos todo de nuestra parte.

– Una vez ya tenemos claras estas bases, es primordial que comiences a realizar pequeños cambios en tu vida: empieza a ver películas distintas a las que sueles ver, entabla relaciones con gente de otros Departamentos, cultiva nuevos hobbies… Parece trivial, pero se basa en un principio muy básico de la Psicología: si estás en contacto con entornos muy distintos entre sí, tu memoria lo irá almacenando y tendrá más disponibles esos conceptos. Así de fácil.

– Escucha activamente a las personas de tu alrededor y déjate guiar por la curiosidad. Interésate verdaderamente por aquello que plantean, realiza preguntas y absorbe sus conocimientos. ¡Te sorprenderás de todo lo que te pueden aportar!

– Observa todo lo que te rodea y sé crítico con ello: ¿qué cosas podrían mejorarse?

– Intenta moverte en entornos que potencien la innovación y que te sirvan de retroalimentación. En entornos rígidos las nuevas creaciones son difícilmente aceptadas e irán minando tu motivación.

– Dedica tiempo a pensar. Mientras tu cerebro está ocupado en otra tarea es más complicado que surjan nuevas ideas, es por eso que muchas ideas nos vienen a la cabeza en la ducha, conduciendo o cuando estamos en la cama. No dejes que estos sean los únicos momentos del día para la reflexión. A veces es incómodo pararse a pensar sin hacer nada más, pero es necesario si quieres construir algo nuevo.

– Infórmate sobre técnicas de creatividad y ponlas en uso. Una de las más conocidas es el llamado “brainstorming” que consiste en generar múltiples ideas para más tarde decidir cuáles son las que mejor resuelven el problema.

– Apunta todas aquellas ideas que te vayan surgiendo, pero date prisa porque las ideas son volátiles y podrían caer en el olvido rápidamente. Es como cuando por la mañana recuerdas un sueño que has tenido pero por la tarde ya no eres capaz de recordarlo a no ser que te hayas encargado de afianzarlo.

Si llevas a cabo todos estos pasos ya solo te quedará lo más importante: transformar todas estas ideas en innovación, es decir, llevarlas a la acción en la vida real. Para ello simplemente necesitarás confianza y unas cuantas dosis de optimismo y entusiasmo. ¡Se acabó el decir que no eres creativo!

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies